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Entrevistas

La literatura en los tiempos de Instagram

Leticia Sala y yo nos sentamos a hablar en la misma sala de La Central del Raval donde, unos meses antes, presentó su primera novela, Scrolling after sex (Terranova Editorial, 2018). Leticia Sala tiene 63k seguidores en Instagram y es una joven escritora que, para mí, representa perfectamente la dicotomía entre literatura física y literatura digital.

La red ha generado un uso absolutamente sin precedentes de la palabra escrita. Aparentemente, hablar es más fácil que escribir, pero no es así: la conversación requiere prontitud y habilidad empática, hay formas y formalidades lingüísticas que deben respetarse, todo es más agotador, hay que saber manejar la sintaxis, modular la voz… muchos prefieren interactuar con mensajes, generalmente cortos (whatsapp). Esta inesperada hipertrofia de la palabra escrita es generada por una red potencialmente infinita de contactos que llevamos en nuestro bolsillo gracias a los smartphones. Así que ahora tenemos una relación con la escritura más inmediata y muy cercana: la producimos continuamente y, a veces, crea algo completamente diferente de lo que hemos entendido hasta ahora como literatura, como obra literaria. ¿Pero las redes cambian la literatura? Y lo que producimos en las redes sociales, como Instagram o Facebook, ¿es literatura? He hablado de todo esto con Leticia Sala.

¿Qué es la literatura para ti?
Supongo que tengo una idea muy libre de lo que es la literatura. No soy tan cartesiana de pensar que la literatura tenga que tener un sello o una aprobación para considerarse como tal. Quizás la definiría como una pieza escrita que logre trasmitir algún tipo de mensaje o emoción. Esto lo digo porque yo confío que podamos encontrar literatura, en relación al formato, también en un whatsapp que enviamos a otra persona.

¿Crees que la literatura adquiera algún sentido nuevo cuando es aplicada a las redes sociales?
Creo que no adquiere ningún sentido diferente, sino que las redes sociales lo han ampliado. No hay variación con respecto a antes que existieran, es más, ha habido una expansión enorme. Es algo que a mucha gente le cuesta aceptar. De todas formas sería muy difícil para mi pensar que existe otra persona encargada de decir que es literatura y que no. Porque partiríamos de que esa persona tiene algo más que decir que tú sobre una pieza que al final para mi es artística.

¿Hablamos de una forma de literatura más cruda y pura?
La considero cruda en el sentido de materia prima, sin filtro; y pura por el mismo motivo. El tener la capacidad de llegar en un segundo a tus lectores te da una inmediatez que hace que no hayas pasado por un editor. En este sentido sí que veo pureza. Esto no quiere decir que toda la literatura tenga que ser así. Ni mucho menos: sería un horror. Un trabajo filológico es sin duda necesario. De todas formas estas dos formas no se excluyen, por mucho que el establishment diga que sí. El lector tiene que ser libre de irse a leer una u otra cosa, que es lo que yo hago. Me encanta leer a Salinger y me encanta también Nayyirah Waheed, por ejemplo.

Yo creo que dentro de esta nueva literatura, el concepto de redes se puede considerar como fenómeno crucial del nuevo proceso que permitió a nuevos usuarios encontrar acceso a la cultura y también la posibilidad de escribir en todo momento, siendo así la parte activa de la cultura, porque pueden expresar su opiniones en este ecosistema.

Tú eres a la vez autora y usuaria: ¿Como autora, la intrusión del sector privado en tus redes sociales tiene consecuencias para los lectores? ¿El escritor pierde la autoridad que proviene de una relación basada exclusivamente en la lectura de sus obras?
Es una cuestión que yo misma me planteo, si en un futuro me arrepentiré de alguna manera o no. Me pregunto si por cualquier motivo quisiera escribir no tanto autoficción, que es lo que hago, sino algo totalmente diferente, si no sería difícil para el lector el pacto de la verosimilitud, o sea si la autora está diciendo algo real. Ahora un lector realmente interesado en mi lectura podría llegar a encontrarme en cualquier texto. Es algo en lo que confío.

Hemos estado hablando de usuarios de la redes, ¿pero qué opinas, en cambio, de aquellos que por diversas razones se niegan a establecer una relación con la web?
Me encantaría llegar a ellos. Saber que les parecen mis obras. Yo veo las redes como un caramelito perfecto para experimentar, porque es increíble poder escribir algo y ver de inmediato si tus lectores han entendido lo que querías decir o no; pero dicho esto, es un experimento para luego llegar al papel. O sea, yo lo veo como una catapulta. Que haya entonces un lector que venga directamente al resultado final, vamos, ojalá. Lo que pasa es que yo tengo poca fe en la capacidad de poder motivar a gente joven para, sin las redes sociales, entrar en una librería y comprar un libro. Quizás sea porque me pillas en un momento un poco negativo. Igual habrá un fenómeno todavía más poderoso, pero de momento lo más funcional que tenemos son las redes.

¿Esto solamente hablando de literatura o también en las otras formas artísticas?
En realidad con todo. Pienso en Martin Parr, que ha llegado mucho a los millennials. En parte estoy segura que es porque está en Instagram. Claro, de momento estamos hablando de la parte buena de las redes. Pero es que para mí la buena es muy buena.

¿Y cuáles serían los contras?
Hay que tener mucho cuidado, como creador, de no basarse solamente en el feedback a la hora de crear; y esto es fácil de decir, pero a veces, es mucho más complicado de hacer. Porque escribimos para que nos quieran y entonces a veces resulta muy difícil, sobre todo cuando el feedback es malo. Hay que conseguir absorberlo para algo constructivo pero que no sea tu fuente de energía. Y esto creo que está muy relacionado con como te relacionas con tu mundo en general.

Si escribimos para que nos quieran, ¿te imaginas enseñando lo que escribes a la vez que lo estás escribiendo?
No siempre. Cuando son encargos, seguro que sí. A veces, en cambio, escribo algo muy profundo sin pensar en nada más. Pero la verdad que sigo interesándome en que preguntas se haría el lector leyendo mis escritos, creando pues una pieza inteligible e intentado aportar algo a alguien, trascendiendo mi vida a la de otra persona.

Yo tengo esta idea sobra la categoría primordial de la literatura, o sea que la practica literaria salva la existencia humana del olvido. ¿Es un poco también esa idea del «escribimos para que nos quieran»?
Completamente. Siempre está esa búsqueda. Es una función social que está relacionada con la necesidad de buscar una conexión con el prójimo. Es por eso que piensas inevitablemente en tu lector. Porque yo no escribo solo para mí.

¿Crees que hay una mayor credibilidad en los libros que se publican respecto a la literatura que se postea en las redes sociales? ¿Y por qué, por ejemplo, se busca esta credibilidad en los instapoets, pero no en lo que vemos en la televisión o en los periódicos?
Siento que genéticamente por donde venimos, seguimos teniendo esa sensación de que un libro, que de alguna forma puedes tocar, tiene más credibilidad que algo que no. Creo que es por inercia, porqué es lo que estamos acostumbrados a creer. Por ejemplo, yo ahora tengo más credibilidad por haber publicado Scrolling after sex que antes, cuando en realidad las piezas son las mismas.

Quizás tengas más credibilidad para ese publico que de otra forma no te conocería. Porque el publico de Instagram, por ejemplo, no necesita del libro físico, ya te conoce y aprecia tu trabajo virtual. Entonces publicar un libro viniendo de las redes, ¿no es como intentar llegar a un publico más amplio, que de otra forma sería difícil alcanzar?
Aunque estando de acuerdo con la contradicción que aun necesitamos que haya un libro para tener más credibilidad, yo soy la primera que siempre ha querido publicar en papel. Pero es por el mismo concepto que te comentaba antes: yo lo veo como una catapulta. Y creo firmemente que las dos cosas pueden ir de la mano juntas. Es que, por ejemplo, me leo en el móvil un poema de Nayyirah Waheed mientras estoy en el metro, y me encanta, y decido comprarme el libro. Llego a mi casa, luego lo leo mientras estoy de viaje en París, en el hotel. Lo que voy a sentir con este poema va a ser distinto y el papel y el olor, o sea toda la fisicidad del libro, van a cambiar mi experiencia con el poema. Pero no creo que una sea mejor que la otra, simplemente coexisten y expanden nuestros horizontes literarios.

¿En que año creaste tu cuenta Instagram?
En 2013, sin demasiadas expectativas. Lo fui utilizando sin más, con el perfil privado, sobre todo para editar mis fotos. En aquel tiempo estudiaba derecho y trabajaba en una multinacional; trabajo que dejé, porque no podía más. Entonces me pasé a trabajar a una ONG americana relacionada con los libros que está aquí en Barcelona. Estaba muy a gusto, pero de repente no me pudieron renovar el contrato. Así que me acuerdo de estar un día bastante asqueada en casa. Yo siempre he tenido la costumbre de escribir notas en el móvil. De repente hice un pantallazo y colgué una en mi perfil Instagram. A la gente se ve que le hice gracia, y entonces tomé esta costumbre hasta que he empezado a tener más seguidores y hasta el día de hoy no he parado. Todo empezó con una nota en el móvil.

¿Crees que ha sido posible, gracias al concepto de redes, el ampliar muchísimo las posibilidades de destacar y darte a conocer, sin dejar de lado tu talento?
Totalmente de acuerdo. Es que yo no sería autora. Yo no tenía contactos en el mundo editorial y ni siquiera podía pensar en serio en el sueño de tener un libro. Me parecía estar soñando demasiado. Y ahora está aquí.

Para mí eres unos de los ejemplos más bellos de como las redes sociales han cambiado nuestra forma de compartir la literatura y la cultura en general.
Es que es muy importante valorar este nuevo fenómeno: el Salinger de ahora seguramente está en Instagram, porque las redes son ya intrínsecas en nuestras vidas. Las redes amplían las posibilidades sin empobrecer nada.

De todas formas dicen que es muy fácil llegar a tener éxito, pero es verdad también que en las redes se olvida muy fácilmente a las personas y a las cosas. ¿Tienes miedo de que se te olvide?
Por eso viene mi necesidad de tener un libro físico. Ahora todo el mundo tiene un micrófono y hay muchos mensajes diferentes, a parte de más competencia, claro. Por eso vamos a tender a olvidar más. Pero eso no es una excusa para no trabajar o no involucrarse: trabajando duro se puede conseguir de todo.

¿Qué opinas del fenómeno de los influencers?
Intento ser cero crítica. Pero me molesta un poco que no se haga diferencia entre una influencer que saca un libro de una escritora que escribe un libro. Yo tengo seguidores por mis textos, no por fotos de mí o de mi perra. Y es curioso porque por ejemplo La Vanguardia, cuando salió mi libro, en su reseña escribieron algo como «alguien podrá pensar que es el libro de una influencer más, pero no lo es»; y yo pensé «Pero quien lo va a pensar?». Solamente porqué tenía un número suficiente de followers? Esos seguidores venían totalmente por las palabras; no es el caso de otras influencer que han publicado un libro. Y la verdad me preocupó un poco. No quería que la gente me viera como una influencer porque no es lo que soy.

Hablando ahora de literatura física, ¿cuáles son tus editoriales favoritas?
Estadísticamente, estoy leyendo un montón de Penguin Random House: ahora mismo en mi bolso tengo tres. Encuentro que lo están haciendo súper bien. Y luego Blackie Books: me gusta mucho su catálogo, porque siguen una linea editorial que no se percibe en primera lectura. Esa especie de cosas misteriosas que hacen como sacar de repente un libro como Los asquerosos con otro como Doctor Portuondo, me divierte: me hace pensar en que analogía podría existir para que todo esto tenga una coherencia interna.

¿Y cuál dirías que ha sido el libro que te ha cambiado?
Años luz de James Salter, porque fue el salto que hice desde: leer mucha literatura francesa, que normalmente se componen de frases muy largas, a de repente, pasar a leer la norteamericana, dónde en cambio, las frases son cortas y funcionan igual de bien. Y luego también, la increíble importancia de las imágenes en detalles.

¿Qué proyectos futuros tienes?
Ahora en 2020 saco mi segundo libro, que será solamente poemas relacionados con el amor. De momento todavía no puedo decir más, pero, pronto podré desvelar el título. Tengo muchas ganas de que mis lectores lo lean.

Me gustaría terminar con una reflexión. La literatura es conflicto y desplazamiento. Leer una obra que no nos hace cambiar ni un poco la idea del mundo, no tiene sentido. Y esta concepción de la literatura como estatuto de no entretenimiento es la base irrefutable de toda la comunidad literaria digital. Hemos hablado de literatura digital, de literatura física, de red y de lectores, y por mucho que parezcan fenómenos distintos, hay algo en común: tiene que haber un conflicto entre autor y lector, una explosión.
En el mismo momento en el que un autor es capaz de presentarte otra forma de ver algo, ya te tiene. Estoy muy de acuerdo y veo ese conflicto no como un juego de fuerzas, sino como una vibración que cambia tu manera de entender el mundo. Sea en Instagram, o sea en papel.


La escritora Leticia Sala nació en Barcelona en 1989. Estudió en el Liceo Francés y se licenció en Derecho. Trabajó en la ONU de Nueva York y como abogada en su ciudad. Ahora se pasa los días escribiendo. Vive en Barcelona con su novio y su perra. Scrolling After Sex (2018) es su primer libro. Su nuevo libro de poemas está a punto de llegar en este 2020.

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